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Cinco días para vender a Bale

El Madrid tiene cinco días para darse una alegría de puertas para adentro o de puertas para afuera. De puertas para adentro, fichando un delantero que venga a ocuparse de las labores que hacía Morata. Parece fácil eso de marcar goles en bodas, bautizos y comuniones y, de vez en cuando, en partidos de enjundia como el de anoche. Pero, visto lo visto con Benzema y su falta de instinto, no es tan sencillo. Y cuando Cristiano no esté -por rotaciones o por sus tontadas- Zidane necesita un delantero que se encargue del trabajo sucio.

Y la otra alegría que puede darse el Madrid de puertas para afuera es vender a Bale. Está a punto de acabar en el pilón. No sólo es ineficaz, juega en otra galaxia, vive desconectado y no se sabe a ciencia cierta cuándo se puede contar con él y cuándo no. Lo peor es que el Bernabéu está empezando a cogerle manía y en esas condiciones es muy difícil jugar en ese estadio. Crispa los nervios del respetable a un nivel que recuerda a Spasic.

Hay veces que da la impresión de que Bale se va a poner a correr para el lado que no es, como esa chica del basket femenino que se encestó en su propia canasta. Cinco días tiene el Madrid para resolverlo. Para aprovecharse de la buena prensa que aún tiene Bale en las Islas Británicas, para aprovechar la locura de un mercado desbocado y mentiroso, donde un jeque disfraza de cesión el disparate que va a pagar por Mbappé. De aquí al viernes, es posible que aún haya alguien que pique. Y emplear la pasta para comprar otro delantero, para construir una circunvalación en Valdebebas o para guardarlo en el banco. Que tampoco pasaría nada.

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